Un nobel que incomoda

El Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado es mucho más que un reconocimiento internacional, es un terremoto simbólico para el régimen de Nicolás Maduro. El galardón eleva a una de sus más fuertes opositoras al escenario global, otorgándole la legitimidad que durante años el chavismo ha intentado negarle.

Para Maduro, esta noticia debe resultar bastante incómoda. El Comité del Nobel ha reconocido la lucha pacífica de Machado por la democracia y los derechos humanos en Venezuela, justo cuando el gobierno enfrenta acusaciones internacionales de autoritarismo y represión. El contraste es evidente, mientras el régimen se atrinchera en un discurso de “soberanía y resistencia”, el mundo celebra a quien encarna la voz de la disidencia pacífica.

Casi todos los países del mundo celebran cuando uno de sus ciudadanos es galardonado desde Oslo, pero en este caso, lejos de celebrar, el gobierno chamo sintió la designación como si fuera un desafío, una afrenta, tanto es así que la única respuesta inteligente que se les ocurrió consiste en cerrar la embajada de Venezuela en Noruega, país donde se entrega el premio.

Las reacciones no se limitaron al cierre de la embajada. Desde el palacio de Miraflores se optó por el silencio estratégico, respecto del premio, a la vez que se empecinaron en descalificar a la «bruja demoniaca de la sayona», como califican ahora a la galardonada, en un intento de minimizar el impacto del anuncio y del premio. Sin embargo, cada palabra ofensiva y cada gesto de censura terminan reforzando la narrativa que el Nobel acaba de consagrar, la de un gobierno intolerante frente a la disidencia.

Maduro enfrenta ahora un dilema. Si ignora el reconocimiento, corre el riesgo de quedar fuera de un debate global que ya no controla. Si responde con más represión, solo consolidará la imagen de Machado como símbolo de resistencia. En cualquier escenario, el Nobel le ha arrebatado algo que ningún decreto puede recuperar, el monopolio moral del relato sobre la paz y la democracia en Venezuela.

No hay duda que este Nobel es otra novela que el régimen quisiera que se terminara rápidamente, porque dígase lo que se diga, este premio es un Nobel que incomoda.