7 de agosto ¿inicio del fin o fin sin inicio?

Este 7 de agosto marca el inicio del último año del gobierno del presidente Gustavo Petro. Un mandato que, pese a las promesas de transformación social, se enfrenta hoy a un país con un ambiente más polarizado, con alta percepción de inseguridad y donde los ciudadanos no encuentran respuestas oportunas y efectivas a sus quejas e inquietudes. Las promesas de cambio que entusiasmaron a millones de colombianos hoy enfrentan el rigor de la realidad, con reformas inconclusas, regiones inconformes y sectores económicos en situación de inestabilidad.

Los desafíos no son menores. El país atraviesa un clima de parálisis y tensión, el paro arrocero, el paro minero, el paro de los parameros y los campesinos, así como las amenazas de paros armados que recurrentemente decreta el ELN, evidencian un creciente malestar social que el gobierno no ha sabido canalizar ni resolver con eficacia. La protesta se ha vuelto rutina, pero lo preocupante es que cada vez con mayor frecuencia se convierte en un espacio para el desorden, el vandalismo y la tragedia. Los gremios no están en paro por capricho, reclaman el cumplimiento de promesas, atención al campo, reglas claras, institucionalidad y presencia del Estado.

El caso más doloroso ocurrió recientemente cuando un motociclista perdió la vida al chocar contra una barricada instalada por grupos indígenas. Una acción ilegal que terminó en muerte, sin que hasta ahora haya una respuesta clara por parte de las autoridades, un retén ilegal que nunca fue desmontado por la fuerza pública que cada vez pierde más “fuerza” ¿Dónde está el Estado cuando se impone la fuerza sobre la ley? ¿Quién responde por las víctimas de estos bloqueos arbitrarios?

En este contexto, la seguridad nacional también se resquebraja. La política de “paz total” no ha logrado reducir la violencia en las regiones. Por el contrario, las disidencias, los grupos armados y el narcotráfico se reacomodan mientras los ciudadanos sienten que el Estado ha cedido territorio y autoridad. La Fuerza Pública parece atada de manos, y el Estado ausente.

Los colombianos no piden milagros, pero sí esperan liderazgo, resultados y orden. El presidente Petro entra en su último tramo de gobierno con un país que reclama más gestión y menos discurso. Aún hay tiempo para corregir el rumbo, pero será necesario escuchar, liderar y actuar con eficacia. Porque una nación sin confianza en sus instituciones, sin orden ni resultados, no camina hacia el cambio, sino hacia el caos.

El gobierno ha estado lleno de buenas intenciones con pésimas ejecuciones y de seguir así nos llevó el que nos trajo.