Colombia: el país del que el mundo vuelve a advertir

*Colombia: el país del que el mundo vuelve a advertir*

Hace unos años, Colombia era presentada como el caso de estudio más citado en América Latina. Un país que había logrado transformar su historia. Hoy, la conversación cambia. Y no lentamente.

El Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene a Colombia en Nivel 3: «Reconsiderar el viaje”. Y como este país, hay 15 más, entre ellos Canadá, Reino Unido, Alemania y Francia, emitieron alertas similares en 2025. Lo que hace que deje de ser percepción y pase a un diagnóstico colectivo.

Las cifras explican por qué. Solo en enero y febrero de 2025, la violencia afectó a más de 695.000 personas por desplazamientos, confinamientos y restricciones a la movilidad. Un incremento del 462% frente al mismo período del año anterior. El caso del Catatumbo lo ilustra con precisión cruel. Esa región alberga apenas el 0,7% de la población colombiana. Sin embargo, concentró el 93% de todos los desplazamientos forzados del país en lo que iba de 2025. Más de 62.000 personas huyeron de sus hogares. Otras 27.000 quedaron confinadas, sin poder salir, sin acceso a salud, a alimentos, a sus propias vidas. Las autoridades calificaron esta crisis como la más grave registrada en la región en 28 años.

Y eso solo por dar un ejemplo, según la Defensoría del Pueblo, el 70% del territorio nacional presenta focos de violencia activos. En el Cauca, los ataques a la fuerza pública y a la población civil se han vuelto parte del paisaje. En Nariño y el Valle del Cauca, el control de corredores ilegales sigue alimentando una violencia que no declina. En Chocó, comunidades enteras son usadas como escudos humanos en enfrentamientos entre el ELN y el Clan del Golfo.

Hay una realidad que no puede eludirse: el gobierno Petro llegó en 2022 con la apuesta de la «paz total». Negociar simultáneamente con todos los grupos armados. Cambiar la guerra por el diálogo. A hoy, los grupos no respetaron los ceses al fuego y la violencia nunca cesó. La pregunta hoy no es si la paz es deseable. Es si se puede negociar con quien sigue matando y desplazando.

Colombia tiene una tendencia histórica a discutir la seguridad solo cuando estalla un hecho puntual. Se vuelve tendencia, genera indignación y luego desaparece. Entre tanto, el Estado se diluye y los grupos avanzan. La seguridad no se resuelve con ciclos mediáticos. Se resuelve con presencia sostenida y decisiones que no dependan del próximo titular.

La pregunta ya no es si esto puede empeorar. Es qué tan lejos tiene que llegar para que el país decida, de verdad, que ya fue suficiente.