El poder no está ÚNICAMENTE en la Casa de Nariño.

El pasado 19 de octubre los colombianos pudimos observar la elección de los consejeros municipales de juventud y con ellos volvimos a encender motores para un nuevo ciclo electoral. Pero pocos parecen darse cuenta de que se acercan las elecciones más determinantes para el futuro del país, las del Congreso.

Muchos piensan que lo único verdaderamente importante es elegir presidente, porque lo ven como el gran mandatario de los colombianos. Sin embargo, el poder real no solo está en la Casa de Nariño, sino también en el Capitolio. Son los congresistas, representantes y senadores, quienes deciden qué leyes se crean, se modifican o se frenan. En sus manos está buena parte del rumbo económico, social y político de Colombia.

Por eso marzo no puede ser una fecha más en el calendario electoral. Votar por Congreso es elegir a quienes legislarán sobre temas que nos tocan a diario, el empleo, la seguridad, la educación, la salud, el medio ambiente y nuestras libertades. Es allí, en el recinto del Congreso, donde se definen los proyectos que cambian la vida de millones de personas.

Aun así, pocos se preguntan por qué tantas iniciativas quedan en el aire, por qué tantos proyectos se estancan o se pierden en el camino. La respuesta es simple, porque en el Congreso se decide todo. Entre 290 curules de 16 bancadas se define qué avanza y qué se archiva. Esa es la esencia de la democracia, decidir a través de quienes elegimos.

El problema es que muchos colombianos eligen congresistas sin conocer y sin informarse sobre el candidato. Y lo más grave, al poco tiempo ya no recuerdan a quién le entregaron el voto ni la confianza de construir un país distinto. Esa desmemoria política nos ha costado leyes injustas, reformas a medias y una desconexión profunda entre el pueblo y sus representantes.

Por eso, es un error poner toda la esperanza en la figura del presidente. Ningún mandatario puede transformar un país en cuatro años si no tiene un Congreso que lo acompañe, que lo respalde y que crea en sus ideas. Gobernar sin mayoría legislativa es como intentar mover un barco sin timón.

Lo mismo ocurre con los partidos. No basta con lanzar un buen candidato presidencial si no se fortalecen las bancadas que sostendrán sus propuestas. Los gobiernos no se construyen solos, se consolidan con equipos, con ideas y con acuerdos.

Colombia aún está a tiempo de hacerlo bien. Pero ese cambio no lo harán los políticos; lo hacemos nosotros con un voto informado y responsable.

El futuro del país no se decide únicamente en el Palacio de Nariño, también se resuelve en el Congreso de la República. Allí empieza, o se frena, el verdadero cambio.