No vine a pedir votos

No vine a pedir votos. Lo digo con honestidad.

Ha sido el mensaje que se repite en cada reunión, en cada conversación con la gente, y no porque no crea en la política, ni porque no quiera continuar un camino que, sin hacer alarde, me ha dado grandes satisfacciones personales y colectivas.

Lo digo porque la política no es un problema de políticos: es un problema ciudadano. Y quizás hoy más que nunca.

Vivimos en la era de la información inmediata. Todo está al alcance de un clic. Nunca antes había sido tan fácil conocer quién es un candidato, qué ha hecho, cuál es su experiencia, cómo ha votado, qué ha defendido, qué propone y, sobre todo, si está preparado para ocupar un cargo público.

Sin embargo, ocurre lo contrario: sabemos cada vez menos.

Conocemos el chisme, el rumor, el titular incompleto, la frase sacada de contexto. Opinamos desde el video de 30 segundos, desde el mensaje reenviado. Con esa misma ligereza tomamos decisiones que definen el rumbo del país.

Votamos sin conocer.

No sabemos quién es la persona por la que marcamos el tarjetón.
No sabemos si ha estudiado los problemas del país.
No sabemos si entiende las realidades de las zonas rurales, de los corregimientos, de los municipios apartados.
No sabemos si tiene la capacidad de estudiar una ley, de proponerla, de debatirla, de liderar.

Y aun así, votamos.

Tal vez por eso repetimos los mismos errores. Tal vez por eso la desconfianza crece. Tal vez por eso la política se volvió sinónimo de rabia, de decepción, de cansancio.

Pero la democracia no se debilita solo cuando hay malos políticos. Se debilita cuando hay ciudadanos que renuncian a informarse.

Por eso, en cada encuentro no pido un voto, pido algo más difícil: que busquen, que pregunten, que lean, que contrasten.

Que miren lo que dicen los medios de comunicación, que revisen la historia, las gestiones, la experiencia, el comportamiento público. Que juzguen con criterio, no con emoción pasajera.

Porque votar no debería ser un acto impulsivo.Debería ser un acto consciente. Y la verdadera pregunta es: ¿qué estamos teniendo en cuenta para hacerlo? Yo no vine a pedir votos. Vine a invitar a pensar, y entonces ahí si, a votar con conciencia, con conocimiento, con libertad.

Porque cuando el ciudadano piensa, la política cambia, y cuando la política cambia, se escogen los que merecen ejercer cargos tan honrosos.